Curiosear los perfiles de la gente en facebook es una de las principales distracciones de todo internauta, y yo debo incluirme, shame on me! Pero hoy he topado con el perfil de alguien interesante: Tashka Yawanawá. Le conocí hace años en Rio Branco, capital del estado del Acre, en Brasil, cuando me encontraba en el proceso de filmar un video documental, vídeo que voy a integrar en un proyecto mayor.
Una amiga me habló de mujeres chamán en la Amazonia, y quise saber más. Así conocí a Tashka en Rio Branco, quien me ofreció visitar su aldea y conocer a su hermana: Hushahu Yawanawá, la primera mujer pajé de los Yawanawá -y, algunos dicen, de Brasil. Allí fui con un amigo, Gabriel, que es un genial cámara y director. En los pocos días que pasé con los Yawanawá pude observar asuntos que son universales a los pueblos del mundo, relacionados con la espiritualidad; también asuntos personales en los que profundicé ayudado por rituales chamánicos de los que tuve el honor de participar.
Hoy he visto algo en el álbum que Tashka tiene en fb que me ha hecho recordar una visión que tuve durante la primera noche en que bebí Uni (nombre que los Yawanawá dan a la Ayahuasca). Es el retrato de una mujer de piel clara y cabello negro y muy largo. Yo conocí a este espíritu durante la primera ceremonia con los Yawanawa. La ceremonia ocurrió en la aldea Nova Esperaça, donde se celebra el festival Yawá, y a la que llega gente de todo Brasil. Hushahu, tras varios días de convivencia, y en contra del consejo de su hermano Tashka, accedió a llevarnos a Gabriel y a mí a la mayor de las aldeas del territorio Yawanawa, en que tenía lugar el festival, al que llegamos en uno de los últimos días.
En una roda de Uni (ceremonia de Ayahuasca) en que participó todo el pueblo y visitantes del festival, entre los que se encontraba un numeroso grupo de adeptos del Santo Daime , y que lideraron varios chamanes, curanderos, y guías espirituales; bebí dos veces y, creo recordar, mentí para tomar la segunda dosis, cuando alguien me preguntó. No sé por qué lo hice, pero luego me enteré de que la bebida escaseaba, porque sólo el compañero de Hushahu la había recolectado y preparado para aquella noche. Después de que hubiese sido abierto el ritual, encontré un asiento de lancha en el suelo y entré en un profundo viaje, en que pude ver edificaciones de culturas que nunca he visto antes, y entré en las regiones inferiores, en contacto con mi subconsciente y a la vez con un inframundo al que accedí a través del agua, rodeado de serpientes a la orilla de un río. Durante este viaje intraterreno, fui guiado por una mujer de piel clara y cabello negro y muy largo.
Y conocí seres y lugares de los que siento que he de hablar con más detalle, quizá en este blog. Pero algo que quiero contar ahora, ocurría cuando yo aun no había vuelto de mi viaje. Inspirado por la persona con quien comparto mi vida ahora, he decidido contar la verdad de aquello lo más claro posible.
Cuando se cierra un ritual de Ayahuasca, suelen hacerse invocaciones al Espíritu para pedir su permiso, y se pronuncian intenciones y agradecimientos de quienes lideran la ceremonia. Volví de mi trance escuchando la voz de un hombre, líder espiritual del Santo Daime, que llevaba en su cabeza un enorme tocado de plumas; al que no llegué a conocer en persona, pero que para mí tenía cara de malo de película. Este hombre recitaba ciertas oraciones de su religión, pero fue cuando le oí invocar a los ángeles y arcángeles para "derrotar con sus armas a Lucifer", con sus seguidores repitiendo sus palabras, que levanté la cabeza de nuevo y abrí los ojos.
Si algo he llegado a aprender después de un tiempo de aquel ritual, es que utilizar a Lucifer como chivo expiatorio está obsoleto. Religiosos pondrán el grito en el cielo, solo si no saben que el dilema del ángel de la oscuridad forma parte de una cuenta kármica que ya no incluye a éste. Lucifer abandonó la Tierra hace tiempo, aunque en ella continúe su influencia. Porque quienes utilizan el poder para controlar a los otros se justifican en Lucifer. Él/ella, ya no responde a quienes le rendían tributo, porque ha trascendido, se ha liberado de sus ataduras físicas. Sin embargo, continuamos recreando aquello de lo que en su momento se acusó a Lucifer de iniciar.
Como en un cursillo acelerado, pude ver aquella noche lo que ocurre cuando religión y verdadera espiritualidad se encuentran. La Ayahuasca es un excelente medio para invocar entidades, tanto de luz como de oscuridad. Hushahu me contó, después de la ceremonia, que cuando unió sus manos al resto de personas del grupo (los daimistas, el cacique de la aldea, su mujer, curanderos que participaban del festival y otras personas), una enorme fuerza oscura empezó a cubrirle, y sintió un intenso calor. Concentrando su mente y espíritu, consiguió liberarse de esta amenaza, atrayendo "una ráfaga de aire fresco con perfume de flores". Hushahu me dijo que al principio estaba preocupada por mí, por haber permanecido en el círculo (aunque yo no llegué a dar las manos a nadie durante el cierre del ritual), pero que luego recordó la enseñanza de uno de sus maestros, que le dijo que cuando alguien se sienta con la cabeza baja durante la roda, significa que esa persona está viendo más allá que el resto.
Efectivamente. Yo vi y conversé con ese ser que llamamos Lucifer. Si alguien recuerda el pasaje de la Biblia, el Corán o la Torah en que a Jacob se le aparece un "hombre" en la noche, con el que lucha; o la historia de algún cantante de blues que dice haber ido a un cruce de caminos desierto, donde un hombre negro y alto le enseña a tocar la guitarra, mi encuentro fue parecido.
Pero eso es parte de una historia aun por contar.


