
Un día normal termina con una puesta de sol titánica sobre la Bahía de Todos os Santos. Suelo salir agotado de la facultad, y el trayecto en ônibus empeora mi estado. Aquí los buses - guaguas más bien - se ponen en los 140 km/h en ciudad y con baches, y como no vayas bien agarrado puedes acabar siendo despedido desde tu asiento y estampado contra el parabrisas frontal cuando frenan en un semáforo.
Bajo delante del largo dos Aflitos, con sus policías militares en la puerta del cuartel, tudo-de-boms; y llego a la altura de la iglesia. Por ahí suele andar un vecino famoso, que se va a dormir temprano. Antes de las 6 ya ha anochecido, y los urubúes se han posado en el campanario de la Igreja dos Aflitos. La estampa es bastante lúgubre, pero estos buhítres no son considerados de mal agüero. Su alimento principal son las macumbas, ofrendas a los santos que se hacen en distintos puntos de la ciudad, y que a veces consisten en una pieza entera de ganado para ellos solos - o para compartir con los urubúes, más bien-. Y mi calle, ladeira dos Aflitos, tampoco hace ya honor a su nombre. Antiguamente, los esclavos subían por toda la cuesta para ser castigados (torturados, atados a un palo: el "pelourinho"). Pero la aflicción ha sido sustituída por la jocundidad. Vivimos en la Chueca de Salvador y yo me he enterado hace poco; quizá porque las cosas aquí son, en general, poco evidentes...
Total, que llego a la ladeira y unos tíos se ponen a silbarme - cosa que no es muy común - y me hago el despistado mirando para arriba porque ninguno me pone, la verdad.
Los cacau de mico se encuentran en plena floración, y a veces uno tiene la suerte de verla, cuando uno de sus capullos en forma de vaina, que siempre apuntan hacia arriba, estalla abriendo los sépalos y sale un penacho de estambres granate brillante: creo que no hay nada más parecido en el mundo vegetal a un fuego de artificio. Recién abiertas, las flores despiden un perfume dulce e intenso, y en ese momento, los murciélagos frugívoros que vuelan por la zona van de cabeza hacia ellos. Son unos bichos del tamaño de una grajilla europea, con un color gris claro y el hocico achatado, que se agarran a la flor aleteando torpemente, y en pocos segundos se dan un banquete de néctar. Hace unas noches pude comprobar, al levantarme de madrugada, que quien se bebe la mayor parte del contenido de mi comedero para colibríes es uno de estos murciélagos.
Ya en el antepatio de casa, bajo las hojas de los helechos-cuerno-de-alce en las paredes, suelen aparecer durmiendo algunas de las mariposas de colores imposibles que uno estuvo persiguiendo con la mirada por la mañana.
Resumiendo, la fauna en la calle a esta hora está compuesta de: maricas al acecho - de camino a la sauna vecina - , grandes polillas revoloteando alrededor de las luces, salamaquesas en las fachadas cazando las mariposas, murciélagos de unas cuantas especies, además del frutero, a veces alguna zarigüeya corriendo entre las sombras, y varias otras criaturas de la noche...
4 comentarios:
"cosa que no es muy común"...
hahahahhahahahahahah
Creo que lo que más me interesa es lo que usted no cuenta...
Pues vaya, eso quiere decir que me está quedando aburrido esto. No?
Qué va, hombre. Era broma. Pero estoy seguro de que el día a día ahí le da para mucho más de lo que cuenta aquí. De cualquier modo, siento una repugnante envidia cada vez que le leo.
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