
Hoy he ido a bucear a Barra. Dejé todas mis cosas en la "Pousada Jovelina", y fui hasta el Farol. Para la hora que era (7:30), hacía un sol de justicia. Había quedado con Agustín, pero no le vi por ninguna parte, así que, a la izquierda del faro, bajé a una calita y allí me tiré al mar. Enseguida vi un pez mariposa, solitario, y varios cirujanos azules, de color azul eléctrico, muy atareados comiendo en el fondo. Al avanzar entre los dos muros de roca a los lados, me acerqué a los blenios, del tamaño de un plátano pequeño, y de color chocolate, posados tan tranquilos sobre las rocas, entre cientos de erizos de mar amenazantes, incrustados uno en cada orificio, y las esponjas de color naranja y las colonias de pequeños pólipos tornasoladas. Al girar a la izquierda, dos peces-cofre parecían jugar - o pelear -, avanzando con el aspecto de dos cochecillos de juguete a los que se les acaba la cuerda, uno sobre el otro, alternándose hasta desaparecer en las sombras del fondo. Al ascender, me vi rodeado de un cardumen enorme de peces plateados, que giraban a mi alrededor. Tomé aire y volví a sumergirme, momento en que ya que tomaban dirección a mar abierto. Una medusa del tamaño de un balón, apareció al girar la cabeza delante de mis narices, translúcida y con tentáculos alargados, y por poco no me la pongo de sombrero. Con lo que puede doler eso...
Pero creo que hay hay algo que casi duele igual: una espina de erizo en tu dedo índice. Es la que me clavé al salir del agua por las rocas. Pero el dolor no fue suficiente para pasar de largo delante de una charca intermareal de camino a la hierba. En lo que sería poco más que lo que ocupa un acuario de 500 litros, había peces "damisela brasileños" de tres tamaños diferentes. Los más pequeños, con sus puntitos fluorescentes, salían de entre las piedras del fondo y volvían a entrar. Los medianos hacían lo que podían por moverse, porque 4 o 5 adultos les atacaban con muy poca delicadeza para ser "damiselas". Más bien se diría que ejercían de matones de barrio.
Después de subir, llamé a Agustín, que se había vuelto a casa ya, y me dijo que él había estado del otro lado del faro. Vamos, que no nos dimos de cabeza el uno con el otro de milagro. Pero él tuvo la suerte de ver una tortuga marina. A ver cuándo tengo yo esa suerte...
Entonces me fui a la pousada de Jovelina, una señora extraordinariamente amable, que al ver lo que me había pasado en el dedo, me mandó con Fabio, su empleado, diciendo:
- Ele é viado, mas é muito boa pessoa. Ele vai-lhe tirar isso bem rápido.
Subí con Fabio, que efectivamente se ve a la legua que es "viado, pero buena persona". Fabio es italo-brasileño, lleva coleta y es muy jovial. Me dijo que me sentara y no me preocupara. Resultó ser un excelente enfermero, y hablamos de mi calle; porque él también vivió aquí.
- Meu querido, eu vou tirar isso rapidinho. Vai doer, sim. Mas olhe pra outro lado.
Yo miré los grabados que había colgados en las paredes, cada uno con un Orixá, con un aspecto entre dioses griegos y superhéroes. Aun recuerdo bien las escenas en cada uno.
El dolor fue brutal. Fabio seguía hablando:
- Eu morei bem perto da sua casa. Esse bairro é bom. Muito agradável. E o dono da sua casa também. Ele é ótimo. Tem uma excelente relação com seus pais. Não gosto de homem que não tem boa relação com seus pais. Só gosto de caras que são boms filhos.
- Bom meu querido, foi um grande prazer. Tudo de bom. Se cuida.-
Se despidió en la puerta.
1 comentarios:
ah, viado...
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