jueves, 8 de noviembre de 2007

sungas e tubarões

El martes, vi un pedazo del partido entre los Spurs y los Rockets, que tienen a Yao Ming a la cabeza. Este es un chino enorme, que lleva un tiempo haciendo campaña contra la sopa de aleta de tiburón, un plato que está provocando la extinción de estos peces en medio mundo. Antes Yao jugaba en china en los "Tiburones de Shanghai", por lo que aun le aprecian bastante en su país. Otra cosa es que quieran dejar de comer aleta en la sopa, por eso tan aburrido de las tradiciones. Cuando invitan a alguien a cenar, es una costumbre del país dar sopa de aleta de tiburón. Muchas veces estas aletas se les cortan, y los pobres escualos son devueltos al mar, donde mueren. La peli "Tiburón" se queda muy corta al lado de las perrerías que hacemos a los bichos que nos comemos...

Después quedé con J, que ha vuelto ya de España - no podía vivir sin mí - para dar un paseo por la playa. Barra es una playa de negros, sobre todo, lo cual se agradece. En mi opinión, ver blancos (aquí gringos, la mayoría), cogiendo color de langostino a la parrilla, resulta bastante lamentable. Los negros de Barra son profundamente vanidosos: se pavonean haciendo piruetas de capoeira en la orilla, juegan a las palas con bañadores minúsculos (sungas), o se quedan de pie charlando entre la gente para lucir palmito en condiciones. Lo mejor es que también se pasean en bermudas por el paseo, y en general, si hace calor, por cualquier lugar de la ciudad; y le alegran a uno la vista que no veas...

Saliendo de la playa, llamaron a Mr. Montes para decirle que ha ganado un premio de novela. Después de los saltos de alegría de rigor, delante de la OFF! - discoteca gay enfrente a Barra que tiene un muy adecuado nombre de repelente - se puso a dar conferencias por el móvil con toda su familia y demás allegados, mientras yo me quedaba alucinado viendo caer viuvinhas. De una amendoeira de praia en el paseo, estaban saliendo de su anterior cuerpo de ninfa, grisáceo, con espinas y con pinta de androide, cientos de estos cicadélidos. Los adultos recién metamorfoseados se soltaban de las hojas con un vuelo bastante torpe. Los dos estadios son realmente dispares: el cuerpo de estos insectos es negro, y visto por abajo, con aspecto de una cicadella común, pero tiene sobre el dorso una especie de protuberancia que hace que todo el animal tenga aspecto, efectivamente, de un pañuelo negro sobre la cabeza de una viuda, dejando ver partes de su cabello cano. En conjunto, y en grupo sobre las enormes hojas del almendro malabar, hacen el efecto de una flor blanca y negra, reflejando el sol.

El rubio se mosqueó, tal vez porque no le vitoreé todo lo que esperaba, o tal vez porque me puse radical y no quise subir a casa en taxi, para no contribuír al caos automovilístico de la ciudad. Entonces un taxista, frente al Porto, mientras yo cruzaba ya la calle, le soltó:

- Amigo, vaia de taxi, é mais seguro. Não vaia com esse amigo seu...

Ahí fui yo el que me pillé un rebote. Vale que iba sin camiseta, con gafas de sol etc. Pero confundirme con un chapero cualquiera; eso sí que no. Luego, pensándolo mejor, me alegré de lo bien que me mezclo entre el paisanaje de la ciudad. Eso tiene más ventajas que desventajas, en realidad: nadie me vende chuminadas en la calle, raramente me piden dinero, y sin esforzarme mucho, me mimetizo hasta en los barrios más sucios.

3 comentarios:

Cesare dijo...

lol lol lol
adorei a parte das viuvinhas

sitar dijo...

Olá. Oye, no tendrás una foto de las viuvinhas desde más cerca, verdad?

Me alegro de tu mímesis.

Abrazos desde Corunha.

:D

bushman dijo...

Gracias. Pues no prometo nada, pero creo que será fácil conseguirla.

Abrazos y besos.