lunes, 10 de diciembre de 2007

primates II: bailad, monos, bailad!

Hoy he comido con dos amigos filólogos en la facultad de letras. El edificio de letras es el preferido de los sauís (Callithrix jaccus). Cuando estábamos terminando de comer, cuatro de ellos entraron en la cantina, abierta al exterior, y bajaron poco a poco por los barrotes. Un macho adulto iba en cabeza, muy decidido, guiando a la comitiva. Nadie en todo el lugar había reparado en su presencia. Todo el mundo continuaba comiendo mientras James, Maissa y yo observábamos la escena en silencio. El macho alfa saltó al suelo y en tres brincos se subió al carrito de los postres y agarró una uva blanca, enorme para su mano. Volvió a toda prisa a los barrrotes con la uva sujeta contra su pecho, y subió. Los otros tres, que le miraban desde arriba atentos a cada movimiento, se morían de ganas de imitarle, pero parecían más temerosos de los enormes monos pelados que comían y charlaban sentados en sus mesas en aquel momento. Poco a poco, mientras tomábamos el café, los tres titíes fueron repitiendo los pasos de su líder, con otra irresistible uva, un pedazo de papaya, u otro de mango, que se le cayó al último al suelo mientras subía, lo que le dejó con una expresión de desconsuelo en la carita, mientras se lamía los dedos.

El macho alfa daba cuenta de su enorme uva blanca y observaba la escena desde la rama de un ficus. Pero alguien más se dio cuenta de lo que estaba pasando. Clarissa, la encargada de la cantina, pegó un grito: "Escroto de bichos!". "To chateada já desses ratos". Clarissa tiene muy mala leche, y si no le hubieran pillado en la caja, seguro que hubiese ido a por la escoba. Entonces "Alfa" - llamémosle así - soltó un grito de alarma, y todo el séquito subió los barrotes y se reunió con él en la rama. Se fueron comiendo muy discretamente.

La diferencia genética de los titíes entre sí, - por ejemplo, del Callithrix jaccus con el C. penicillata - , es tan baja que se les considera el mismo género. Incluso especies con una diferencia en su DNA no codificante cercana al 1%, como el tití pigmeo, son consideradas pertenecientes a este género.

Extrañamente, esto no ocurre con nosotros los humanos, que tenemos sólo un 0.6% de diferencias con los chimpancés en nuestras regiones no codificadoras de DNA, y un 4% en las regiones codificantes, y que, apesar de esto, nos hemos reservado un género aparte ellos. Varios científicos defienden la expansión del género Homo para Pan paniscus y Pan troglodytes, esto es: Homo paniscus y Homo troglodytes. Pero hay más formas de reivindicar este derecho. También se puede hacer bailando:





No entiendo cómo la gente en la UFBA no se queda tan alucinada como yo viendo a los titíes. Nunca me canso de mirar para estos bichos, y de la sensación que produce tanta empatía con un animal tan pequeño. Para el que quiera iniciarse en etología de primates y no tenga otro mono a mano que su pareja en el sofá bebiendo cerveza frente a la tele, puede servirle la cámara que la universidad de Wisconsin les ha puesto a una familia de titíes.

1 comentarios:

boogie dijo...

me gusta cuando dice: "like it means something". Los monos fabrican trofeos y se los dan unos a otros. Como si significara algo. Y salen esos dos actoruchos cazurros: Matt Damon y Ben Affleck. Jajaja. Me parto.