El lunes viajé en bus a Vale do Capão, a unas ocho horas de Salvador. En el camino, el paisaje cambiaba de selva secundaria a capoeira, y más al interior a sertão y caatinga. Justo a mi llegada, comenzaba la época de lluvias en Chapada Diamantina. Chapada es una cordillera donde, hasta que fue declarado el parque nacional, se extraían diamantes -claro - y la mayoría de habitantes eran garimpeiros.
Paseando por el valle el primer día me encontré con Manú, compañera de la facultad, y su novio Guido, y nos fuimos a hacer el camino a la cascada de Rio Preto. Los paisajes en Vale do Capão, aunque son de montaña, tienen un relieve y una vegetación que los hacen muy sosegantes. La roca es arcillosa, de tonos pastel que varían entre el blanco, el naranja y el rosa oscuro, tirando a granate. La temperatura es más baja, sobre todo en las noches, que en Salvador, y la vegetación de montaña es un matorral de color verde grisáceo, y dorado a veces, que recuerda al Mediterráneo. Las hojas de los árboles y arbustos son lauroides, o suculentas y muy grandes, y entre ellas,
sobre todo en esta época, se abren flores de colores muy vivos, y alguna bromelia que destaca más de lo normal entre los tonos apagados.Se cruzó en nuestro camino más de una vez un potó. Este es su nombre nativo, pero todavía no he conseguido identificarlo en ninguna clave. Los potós son pequeños insectos de unos 5 cm., de cabeza amarilla y abdómen alargado y articulado, con segmentos de color naranja y negro, y el último de ellos, el urosternito, amarillo también y con un par de apéndices. Caminan con el abdómen apuntando hacia arriba, y esos dos apéndices son venenosos, lo que se puede deducir de su coloración.
Llegamos al río, y el paisaje parece un decorado: la piedra rosa, moldeada por el agua, forma una cascada de agua dorada, que crea grandes cantidades de espuma, y el río continúa debajo de ella con un color negro y rojizo a la vez, "como de coca-cola" según Manú. Nos bañamos, mientras Adrián, un valenciano que vive en Salvador, está saliendo del agua en pelotas - Chapada es el primer lugar que veo en Brasil donde el nudismo es de lo más natural - y toma el sol con unos amigos.
Más tarde Adrián y sus colegas me cuentan alguna cosa de las rutas que se pueden hacer por allí. En el grupo está una mujer de edad que se hace llamar Gaia. Coincido varias veces en el pueblo con ella. Gaia es francesa, de ojos y pelo claros, y piel rosada y curtida de vivir en el Algarve, donde está su casa. Una noche, en la plaza del pueblo, sin venir a cuento, Gaia empieza a hacer
profecías sobre el año 2012. Que si estamos dirigiéndonos al no-tiempo. Que la tierra frenará su rotación y empezará a girar en sentido inverso... Todos la miramos perplejos. La verdad es que la mujer tiene toda la pinta de pitonisa. Unos saltimbanquis argentinos que aparecen por allí, le dan la razón: "es que cada vez el tiempo pasa más rápido". La mujer continúa con su discurso: "en 5 años llegará la era del amor, y quien no vibre en la frecuencia del amor, morirá"."Tú no te crees nada de esto, ¿verdad?" Me dice.
"Yo no he dicho nada. ¿Cómo lo ha deducido?"
Al día siguiente subo a Cachoeira da Fumaça: una catarata de unos 40 metros que cae sobre un cañón donde hay una pequeña selva ribereña, y forma una enorme nube de agua, porque el aire del cañón impulsa el agua de vuelta desde el fondo. Arriba, para verlo, hay que tumbarse en un saliente en la roca. La visión es imponente. Y el paisaje rosado y verde apagado aquí contrasta con el verde intenso de abajo.
Fui poco tiempo como para ver el parque con calma, así que decido volver el año que viene, pero no quiero irme sin antes visitar una comunidad autosostenible de la que me han hablado. Voy a preguntar una mañana a la plaza y me encuentro con Marta, otra valenciana, y amiga de otro amigo español que vive en Salvador. Marta me explica cómo llegar al pueblo. Ella y otras mujeres de la comunidad, que se llama Campinas, están haciendo la compra. Pero el coche está lleno y no me pueden llevar. Así que me voy al camping y hago la mochila para salir andando para Campinas.
Bajo un sol abrasador llegué al poblado donde vive la comunidad. En el edificio de la cocina, al llegar, una extraña mujer bahiana, vestida como un colegial, con pantalón corto, camiseta y una gorra acababa de llegar antes que yo. Iba a quedarse unos días trabajando allí y llevaba una gallina para meter en la nevera. Tarça, un paulista de la comunidad, mientras comía, le estaba contando el porqué de ser vegetarianos: Brasil es el mayor productor de carne del mundo. Esto se refleja solamente en un 0,2% de su PIB. Pero toma forma en realidad en la deforestación de la Amazonia y el empobrecimiento de las tierras en todo el país. Declaré mi consenso total con sus palabras y me prometí a mí mismo que intentaría hacerme vegetariano. Pero me excusé para dar un paseo y ver la huerta. La mujer insistía en comprar semanalmente su gallina, y la gente se reía.
Esta gente planta todo lo que puede para comer, y hasta venden algunas hierbas medicinales. Todo crece dentro de sus terrenos. Las casas son de adobe y se las fueron fabricando ellos, según me cuenta Marta en portuñol con acento valenciano. Marta lleva unos meses viviendo aquí; se vino dejando otra comunidad en Alcoy (Alicante).
Todos los resíduos orgánicos aqui se transforman en
compost. Incluso hay un retrete, que es una caseta encajada sobre un pasillo circular, hecho con losas de pizarra donde, después de hacer tus necesidades, las cubres con tierra y hojarasca. La caseta se desplaza sobre las losas y así el siguiente usuario puede continuar produciendo un abono de calidad excepcional.Al día siguiente, muy temprano, me levanto con la luz del amanecer. Dormí en la sala de la casa verde, la más antigua del lugar (20 años). En la orilla del río los monos capuchinos de pecho amarillo ya empiezan a alborotar, apesar del frío. Oliendo el café me dirijo a la cocina. La comunidad tiene un pequeño problema: sentarse juntos en la mesa en las comidas. Nathan, un carioca moreno de ojos azules, ha hecho el desayuno y sale a tocar el cuerno. Se van acercando poco a poco algunos de los miembros.
Maysa, una chica brasiliense, muy simpática, me dice que puede llevarme de vuelta en coche a Palmeiras, donde cogeré mi autobús a Salvador. Se vienen: Lucía - uruguaya - con Luna, su hija de tres años, Peu - bahiano - y Marta. El coche es un vehículo fabricado en Brasil durante la Segunda Guerra Mundial. No tiene asiento de copiloto porque esa parte está destinada a las mercancías, así que me toca ir sentado en el suelo. En este coche Maysa viajó desde Brasilia con su marido - un hombre extraño, poco hablador- y su hijo.

En el camino (de tierra y lleno de baches, como mi trasero pudo comprobar), vemos por la ventanilla el increíble Morro do Pai Inácio, mientras Peu exclama:
"Obrigado, Deus, por morar nesta terra. Obrigado!"
2 comentarios:
Olà, gracias por relatar parte de tu viaje por Chapada Diamantina. Estaba buscando información porque yo viajaré en marzo, y me ha hecho mucha gracia encontrar tu relato. Soy Xusa, hermana de Marta la Valenciana que conociste. Espere que todo te fuera muy bien.
Si tienes más fotos me gustaria verlas.
saludos;
Hola Xusa! Encantado de conocerte. Tengo más fotos, que ya le he mandado a Marta, pero si no te las reenvía, escríbeme aqui: daniufba@gmail.com y te las mando yo.
Un fuerte abrazo. Te esperamos en Bahia.
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