Lo primero que hace pensar esta ciudad es que ha sido ideada para impresionar. Resulta muy bella si hablamos en términos arquitectónicos, pero las distancias y las dimensiones la hacen deshumanizada y a veces ridícula. Pensada para los automóviles y no para las personas. Todo se hace en coche, por los kilómetros de distancia que hay entre el centro administrativo y las áreas residenciales.Al menos, hay un paralelismo entre el paisaje natural original, que es el Cerrado, y el paisaje urbano que es Brasilia.
El ser humano, en tanto que antiguo cazador de ungulados, pastor y agricultor, prefiere normalmente un medio natural con árboles dispersos y hierbas altas mejor que el bosque o la selva. Este es el aspecto de la sabana y el cerrado.
Los edificios, los árboles y las avenidas también dan esa sensación de amplitud. Y el horizonte es igual de rectilíneo que en Cerrado goianés, que visité más tarde. Pero las distancias de esta ciudad la hacen hostil a las clases desfavorecidas, que también trabajan en el centro administrativo. Esto se explica por el momento en que fue diseñada y construída: en el boom económico de un país que miraba a los Estados Unidos como referente.
Todo esto y el omnipresente Niemeyer la sitúan a medio camino entre La Guerra de los Mundos y Mon Oncle de Jacques Tati. Parece que "el tío" va a salir de cualquier esquina paseando entre esculturas y edificios de
aspecto futurista.Pero lo bueno de Brasilia es la diversidad religiosa (la ciudad está llena de iglesias de ayahuasca, terreiros de candomblé, retiros hindúes...) y sorprende la cantidad de jóvenes "modernos" (blancos y de todos los colores: punkies, indies, skaters...) ; al menos en un festival de cine brasiliense al que asistí con unos amigos, y en la disco a la que fuimos después. Eso sí, lo que más nos sorprendió es que nadie sabía bailar. Los brasilienses parecen no tener sentido del ritmo. Esto me hace reafirmarme en mi idea de lo extraño que es el DF. Extraño en su propio país.
Esa misma noche me invitaron a una ceremonia de Dayme, pero al día siguiente nos íbamos mi amiga Tachi y yo al IPEC a nuestro curso de permacultura y diseño.
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