viernes, 4 de julio de 2008

2 de julho

Este es el nombre del barrio en el que vivo en Salvador, del día de la independencia de Bahía, y uno de los últimos pasos para la independencia de Brasil. El dos de julio de 1823, las tropas brasileñas entraron en la ciudad, que era ocupada por los portugueses, tomándola de nuevo y consolidando la victoria.

Ayer fue fiesta todo el día. Un desfile interminable recorrió la ciudad, con cuadrillas de soldados, policías, barrenderos y todo tipo de personajes.

Esta marcha pretende ser un homenaje a todos los grupos y colectivos que intervinieron en aquella batalla. Se pasean dos efigies sobre carros de madera llevados a hombros: el caboclo y la cabocla, que son alegorías de las "tropas brasileñas" de las que habla la historia. Son dos estatuas con aspecto de maniquí, pintadas de color oscuro y con largos cabellos y tocados de plumas, que crean un conjunto de lo más kitsch junto con la decoración que los acompaña. Junto a ellos desfilan hombres a caballo y vestidos con cuero marrón y sombrero, que vienen del interior y representan a las tropas de sertanejos.

Detrás llegan políticos, que son abucheados, - algunos más que otros. Yo me sitúo entre el público junto a algunos amigos. Con lo que veo en los momentos siguientes, acabo de creerme eso de que todo lo que te cuenten de Bahía, por extravagante que sea, termina siendo cierto.

Pasa el gobernador del estado, entre otros, pero los improperios son lanzados con la misma intensidad que las alabanzas. Cuando me sitúo más cerca oigo gritos de: "bicha!, bicha!. Você é uma bicha reprimida!" Resulta ser ahora el alcalde el que pasa, al que el gentío a esta altura de la calle parece tener particular manía. Y es que nos hemos situado en un lugar en el que es tradición que se reúnan los gays de Salvador para ver la parada.

Y lo siguiente supera las expectativas: llegan bandas de músicos, acompañados de adolescentes agitando banderas de colores, y delante, algo de lo que me habían hablado, pero no me creí del todo: veo llegar un hombre grande vestido igual que los músicos, pero con un sombrero de plumas y una vara dorada en la mano. Parece el primo negro de Daffyd Thomas, el personaje de Little Britain. Es un majorette. Con una pluma impresionante. Cuando llega a nuestra altura empiezan a animarle y él se luce: levanta su bastón y empieza a hacer piruetas y giros con él. El público enloquece.


Esto se repite una y otra vez: otras bandas llegan, cada una con su majorette; a veces son un hombre y una mujer, y la mayoría para a la banda a nuestra altura y realiza su exhibición. Algunos espontáneos del público se lanzan al desfile y bailan animados por los vecinos. Travestíes se pasean agitando su melena. Muchos componentes de las bandas tienen conocidos en el público que gritan sus nombres y hasta bailan con ellos. La música, como no podía ser de otra forma en Salvador, es muy buena. Llegan tocando himnos como "I Will Survive", o "Go West". Y pasan más y más bandas, entre ellas globos enormes, un grupo de alcohólicos anónimos, que va escondido tras dos altos carteles, y tras ellos un Papá Noel borracho, y más individuos de toda condición.

Anochece. Decido irme a casa pero el desfile continúa. Dois de Julho es el barrio en que viven y salen muchos de los homosexuales de la ciudad con menor poder adquisitivo, y esto hace mucho más auténtica la vida aquí que en otros barrios. Además, gays y lesbianas son más aceptados en esta ciudad que en cualquier otra de Brasil: aquí pueden verse parejas de hombres y mujeres de la mano y raramente se dan casos de discriminación. Esto se debe a que el movimento religioso más extendido en Bahía, el Candomblé, considera a los gays las figuras más adecuadas para ser líderes espirituales.

Cuando faltan pocos días para que me vaya de este país, creo haber entendido mejor cómo se siente, cómo se vive y se respira aquí. La alegría y la diversidad son algo consustancial al pueblo brasileño. Los rasgos y colores de la gente hacen pensar en muchos siglos de ocupación humana; muchos más de los que nos cuenta la historia, y más grupos humanos conviviendo y mezclándose en estas tierras de lo que nos dicen los manuales (aquí hablan de pueblos primitivos presentes en Sudamérica hace más de 25.000 años). Y se respira un tipo de libertad más allá de lo que había experimentado hasta ahora; solo por el hecho de creer que casi todo se puede hacer. Una frase lo explica: "a tudo se pode dar um jeito".

2 comentarios:

João Paulo Duarte Diniz dijo...

Daniel!!! Que bom encontrar você, mesmo que seja virtualmente! Muito bom seu blog! Adorei o jeito que você escreve, muitos detalhes e muito divertido! Grande abraço!!! aui mauê...! :)

greengalego dijo...

Ahó. Um abraço forte Paulo. Do galego da Galiza pra o galego de Ceará.