lunes, 10 de agosto de 2009

alto paraiso



Cuando dejé Brasil el año pasado para volver al purgatorio una temporada, mi último deseo fue visitar un lugar del que me habían hablado, en la Chapada dos Veadeiros. Por varias razones no pude hacerlo, pero ahora eso tiene poca importancia, porque he terminado viviendo aquí, en Alto Paraíso.
Además, no quise viajar a las antípodas, pero las Antípodas han acabado viniendo a mí, en cierto modo.

He querido escribir este post para contar un poco de mi viaje de ayahuasca de ayer. El sexto para mí hasta el momento. Lore y yo subimos la noche del sábado a la iglesia de Yatra, al parecer una ex-yonqui que ahora dirige ceremonias en todo el mundo, con música de su propio cancionero. Yatra, muy conocida por aquí, había viajado, pero en la iglesia nos reunimos un grupo de gente muy especial. Hubo cánticos toda la noche, y miragens. Las mías empezaron con unas manos femeninas extendiendo grandes velos negros con bordados de plumas de pavo real fluorescentes, que brillaban en la oscuridad. Dioses y diosas, extraterrestres e intraterrestres, y espíritus de los pueblos nómadas de esta tierra. Todos ellos estaban con nosotros. Y recordé cómo aquí en cada montaña veo una escultura hecha para ser vista desde el cielo, y enormes plantaciones de arroz y bosques de árboles frutales, y jardines. Y la Diosa me confirmó que ya estoy colaborando en la regeneración de aquellos jardines.

También pude ver cómo un nuevo sentido de lo espiritual se desenvolvía, y desplegaba, como una enorme flor de loto, en la Tierra. Y la planta me dijo que en ceremonias como aquella, donde el alma canta y baila; donde lo sublime del arte se reúne con las altas esferas de la energía femenina universal, se encuentra la semilla de la creación, divina y humana.