martes 13 de julio de 2010


"Soma, the divine mushroom of immortality", es un libro de Gordon Wasson dedicado a la Amanita muscaria. Habla de la mención de este hongo en el Rigveda, el primero de los vedas, textos sagrados hindúes. Dice que en India, hace más de 4000 años, ocurrió que en los grupos espirituales que utilizaban la Amanita, el brahman, después de ingerir los hongos, y tras digerir parte del ácido iboténico, precursor del muscimol, orinaba y daba de beber a sus discípulos. El ácido iboténico continuaba presente en la orina, para ser carboxilado en muscimol al ingerirse y producir su efecto psicodélico.

El caso es que, en determinado momento, las setas empezaron a escasear, -probablemente, al deforestarse los bosques de los que se extraían-, y esto provocó que la sustancia se empezase a beber en forma de orina en cadena de hasta cinco personas, ya que ese es el número máximo de personas que pueden beberlo sin que se pierda el ácido iboténico por completo. Esto llegó a darle mayor poder al brahmán, que administraba los hongos, y así, el grupo comenzó a adorar al brahmán en lugar del hongo.

Esto me hace pensar en alguno de los textos de Terence McKenna, en que nos recuerda que un mundo abundante en diversidad, como era nuestro planeta hace un tiempo, proveía a cualquier individuo de un acceso constante a enteógenos: hongos, flores, semillas, hojas, frutos. Todavía vivimos en un mundo diverso, pero la abundancia de estos seres vivos ha disminuído enormemente, y esto podemos cambiarlo. Es tan simple como ponernos a cultivar, con lo que tengamos a mano, pero en internet se vende todo tipo de semillas de enteógenos.